BETO ORTIZ SE SOMETE A RINOPLASTIA REVELANDO UN HECHO PREOCUPANTE

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Un nuevo perfil pero con la misma pluma. El periodista Beto Ortíz se sometió a una rinoplastia para operarse un problema respiratorio que lo aquejaba, pero que muy pocos conocían. Los detalles de este hecho lo narra con mayor precisión en su columna Pandemonio que escribe algunos domingos en un diario local.

En la columna titulada ‘Más allá de mi nariz’, Beto Ortíz cuenta que su operación era muy necesaria, porque se trataba de un tema de salud antes que de un proceso estético como algunas podrían pensar. «Un día caí en la cuenta de que me estaba levantando cansado por las mañanas, soñoliento, abotagado, como si hubiera dormido tres horas y no ocho. Me hice todos los análisis y chequeos de rigor, pero los resultados no arrojaron ninguna luz. Pero el último empujón que necesitaba lo obtuve leyendo un artículo sobre la apnea del sueño y reconociéndome en él. Si despertaba trapo, era posible que mi organismo estuviera recibiendo muy poco oxígeno durante el sueño, lo cual significaba que mis célebres ronquidos eran un buen indicador de que yo estaba… ¡dejando de respirar!», narra el periodista.

Asimismo, Beto Ortiz cuenta que cuando acudió al cirujano, este le dijo que posiblemente el periodista se habría fracturado la nariz varias veces y por eso estaba obligado a respirar por la boca. «Hasta donde alcanzo a recordar, siempre he respirado por la boca. Las primas viejas, que aseguran haberme cambiado el pañal, me cuentan que de bebito nunca gateé, sino que aprendí de frente a caminar, así que, cuando me caía, no sabía que primero había que poner las manos y aterrizaba directamente con la cara, como suele sucederles a quienes se pasan de autosuficientes. Dicha peculiaridad me deparó una infancia pródiga en hemorragias nasales que mi abuelita conjuraba embutiéndome –en cada fosa– ingentes cantidades de perejil o Petroselinum vulgare (anticoagulantes)», confesó en su columna.

Beto Ortiz relata paso a paso de su operación en esta columna, empezando por el último proceso de la rinoplastia, reviviendo su pasado y justificando el porque de este operación y terminando en el momento que va al cirujano decidido a solucionar su problema respiratorio. «El cirujano redujo ligeramente la giba o espolón nasal y reconstruyó toda la estructura con una filigrana de cartílagos, eliminando –obvio– el innecesario “efecto pico Condorito” sin olvidar, eso sí, mis ruegos de dejarla, al final, del mismo tamaño», revela el conductor de «Beto a saber«.

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