LOS INDESEADOS DE LIMA 2019

Martes 13 de Agosto del 2019 | 12:50 am

El mal clima, el tráfico limeño y otros detalles fueron la nota mala en los juegos.

En toda fiesta multitudinaria siempre hay algún invitado indeseado, incómodo y cuya presencia tiende a arruinar la diversión de todos los asistentes.

Los Juegos Panamericanos de Lima 2019 no han sido ajenos a este fenómeno y recibieron la visita de al menos cinco elementos que molestaron en el desarrollo de la cita deportiva.

EL MAL CLIMA

El invierno más frío y húmedo en Lima de los últimos cincuenta años se hizo presente en los Panamericanos, dispuesto también a batir récords y a condicionar el desarrollo de algunas pruebas.

Los termómetros bajaron hasta unos atípicos 11 grados celsius, con una humedad cercana al 100 %, el sol apenas se vio y la niebla y una fina y molesta lluvia fueron la tónica de muchas jornadas.

Vóley playa jugado con trajes de neopreno, nadadoras con hipotermia en aguas abiertas y atletas cobijados bajo mantas entre prueba y prueba en el estadio de atletismo fueron estampas inusuales para unos Juegos “de verano”.

Gruesos gorros, abrigos y mantas también fueron la tónica entre los espectadores y los periodistas, condenados a largas horas de espera en la intemperie y que con el frío en los huesos fueron una de los principales víctimas del clima.

El TRÁFICO DE LIMA

Ya se veía venir, y se cumplió la amenaza. El tráfico limeño fue lo peor de todo lo que sucedió en los Panamericanos.

Ni las vacaciones escolares, ni los días festivos decretados por el gobierno, ni los carriles exclusivos para la familia de los Juegos, ni las campañas públicas para concienciar a la ciudadanía de que se comportara e hiciera lo posible para aligerar el tránsito y facilitar el transporte evitaron los problemas causados por este motivo.

Pese a que Panam Sports valoró en mitad del desarrollo de los Juegos como bueno el desempeño del transporte, también reconoció que era su mayor “preocupación”.

Periodistas y deportistas difirieron en esta apreciación. Los autobuses dispuestos para llevar y traer periodistas y fotógrafos entre las sedes de competencia destacaron por su irregularidad, impuntualidad e incumplimiento de sus recorridos.

Y los atletas también sufrieron. Las distancias y los tiempos invertidos en los traslados obligaron a algunas delegaciones a cambiar de residencia y otras se quejaron públicamente de los largos y agotadores traslados.

LAS CAMISETAS DE ARGENTINA

Este fue más bien una ausencia dramática, no una presencia desagradable.

El error de la directiva del baloncesto femenino argentino al llevar las camisetas equivocadas al partido clave de la fase de grupos ante Colombia les costó no solo un mar de lágrimas a las deportistas, sino también una opción a medallas que tenían al alcance de la mano.

Argentina se presentó con la misma camiseta de color azul que Colombia a su partido, cuando les correspondía llevar el blanco.

Sin tiempo para desplazarse a la Villa a buscar otra equipación antes del plazo reglamentario, los organizadores le dieron por perdido el partido por 20-0.

Las argentinas, actuales campeonas sudamericanas, reaccionaron con dignidad y ganaron los demás partidos que les quedaban para quedar en quinto lugar, sin olvidar el “inmenso dolor” causado por este contratiempo.

Hernán Amaya, coordinador del equipo femenino, y Karina Rodríguez, directora de desarrollo de la selección femenina, presentaron sus renuncias por este drama, pero poco se pudo hacer para remediarlo.

LA CAÍDA DE SANTOS

Fue un evento relativamente habitual en el atletismo, pero el único de ese calibre que se pudo ver en el estadio de la Videna.

Juander Santos, uno de los favoritos al oro en 400 metros vallas entraba en el último obstáculo con ventaja y apuntaba directamente al oro mientras era perseguido por el brasileño Aliso Alves.

Pero se tropezó, perdió pie y terminó rodando por los suelos mientras el resto de los competidores lo adelantaban y abandonaban llorando sobre el tartán.

La soledad y la frustración de Santos fue objeto de centenares de fotografías y su entrada en la meta, cojeando y desolado, dos minutos, nueve segundos y 37 centésimas después de su salida quedó en Lima como la imagen de la derrota que deja la alta competencia.

 

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