EL BAYERN GANA SU SEXTA CHAMPIONS TRAS VENCER AL PSG

El Bayern obtuvo ayer el segundo triplete de su historia, igualó al Liverpool en número de Champions y confirmó que no hay ahora mismo en Europa un equipo tan poderoso.

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La Copa de Europa es ese maravilloso torneo de clubes que cada año juegan los mejores equipos de Europa y que (casi) siempre acaba ganando el Real Madrid. Por eso, el debate empieza más abajo. ¿Quién es el equipo dominador de la Champions -si no se cuenta al Real Madrid-? Para unos pocos, ahí sigue estando el Milán, por el mero hecho de ser el segundo en el escalafón en número cuantitativo de orejonas (7), aunque ya no queden ni las cenizas de lo que fue.

Para la gran mayoría, la discusión está entre Barça, Liverpool y Bayern, aunque en el caso de los azulgranas, sus continuados y ascendentes ridículos de los últimos años hacen imposible defender su candidatura. Queda la batalla muy pareja entre ingleses y alemanes, pero la sexta lograda anoche por los muniqueses, con pleno de triunfos en el torneo, seguramente pesa mucho.

El Bayern obtuvo ayer el segundo triplete de su historia, igualó al Liverpool en número de Champions y confirmó que no hay ahora mismo en Europa un equipo tan poderoso. Y lo hace con un buen número de jóvenes talentos que amenazan con marcar una época, y un entrenador con un estilo moderno y fresco que además de barrer a sus rivales, divierte y entretiene.

El primer acto fue un ejemplo perfecto de que sin goles también se puede ver un partido de fútbol bonito, intenso y muy entretenido. Sobre todo si en el verde hay dos equipazos. PSG y Bayern atosigaban sin descanso la salida del balón del rival y buscaban el mínimo error del contrario para castigar sus escasas debilidades. En el caso de ambos, las limitaciones técnicas de Marquinhos y Goretzka, dos pivotes con más cualidades defensivas que asociativas.

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El partido mostró lo esperado. El Bayern, dueño del balón y el PSG, dueño de la velocidad con sus transiciones, reto que aceptó el equipo germano plantando la línea defensiva en el centro del campo. La valentía le costó varios sustos. Uno de ellos, solventado por una pierna salvadora de Neuer ante Neymar, que recibió un preciso balón al espacio de Mbappé. Gafado el brasileño con el gol en esta final a ocho de la Champions

La clara ocasión gala, en el 18, vino seguida de un palo de Lewandowski, en el primer disparo a puerta de los germano. De espaldas, dentro del área y libre de marca, el polaco controló un centro de Coman, se giró y golpeó en semifallo con su bota derecha. La madera salvó a un Keylor ya batido.

A pesar de la ocasión, el dominio de los de Flick tenía más ruido que nueces. El gol lo veía más cerca el PSG, que la volvió a tener en el 23 con un disparo de Di María por encima del larguero, y en el 32 con otro de Herrera desde la semiluna del área grande, desviado por el hombro de Sule. Entre medias de ambos remates, Boateng se fue a la ducha. Su renqueante abductor terminó de explotar.

Al filo del descanso, el PSG tuvo la más clara. Un regalo de Alaba propició una combinación entre Mbappé y Ánder Herrera que dejó al ariete francés con una situación franca ante Neuer. Su disparo, fue más tirito que eso, disparo. Hasta los genios perdonan cuando más fácil lo tienen.

Kimmich, decisivo

El refrigerio no cambió la dinámica de una de las finales más igualadas de los últimos años, y la sensación era que se convertiría en realidad esa frase tan manida que en una final quién marca primero es campeón. Y así fue. Cumplido los dos tercios, Kimmich apareció por primera vez en la zona central del ataque, generó ocasión con apertura a banda, y en segunda jugada le puso un regalo con lazo a la cabeza de Coman, que la mandó a la red. Un canterano del PSG, que salió gratis de París, sepultando el proyecto de los 1.300 millones.

El gol bloqueó al PSG, hasta que en el 70 Neuer evitó el empate con otro pie milagroso a disparo a bocajarro de Marquinhos. Ahí superaron el mazazo los de Tuchel, pero ya había muchos más nervios que fuerzas, justo lo que le sucedió a Neymar en el 92, perdonando el empate y la prórroga. La celebración de la semifinal pareció excesiva. Igual aprenden. O igual no. Pero eso ahora ya da igual.

(Tomado del ABC de España)

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