ESPECIAL DE DOMINGO: EL ALBERGUE DEL AMOR | FOTOS

Emigrar a otro país es duro y tras la pandemia esto se ha vuelto cada vez peor.

Niños del albergue Sin Fronteras, en San Juan de Lurigancho.
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Texto y fotos: Alberto Valderrama

Los hermanos venezolanos nos abrieron su hogar, el albergue Sin Fronteras en San Juan de Lurigancho, que para algunos significa algo transitorio y para otros ya tiene la condición de ser un hogar.

La incertidumbre para muchos es latente. La mayoría está en el patio, donde conviven más de 70 personas desempleadas, mientras algunas ya están retomando su rutina habitual.

La mayoría tiene a la familia dispersa por Sudamérica. Si a nosotros se nos hace imposible los reencuentros, imagínense a los hermanos venezolanos que sueñan con que algún día todo vuelva a ser como antes de la dictadura para poder regresar a su patria.

En sus ratos libres conversan con sus familiares o ven su telenovela favorita. Los momentos son largos para algunos. El tiempo parece no pasar.

La mujer venezolana es coqueta y buenamoza. En el patio vemos cómo se acicalan a diario entre ellas ya que a pesar de la cuarentena no pierden el encanto y admiración.

El esposo trabajaba de vigilante en una discoteca y ella en un hotel, lamentablemente esos rubros cerraron tras la pandemia. Pero la señora Esperanza del Rosario no pierde la fe de volver a trabajar nuevamente.

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