Vicente Diaz
El emporio de Gamarra

GAMARRA: REINICIO CON FE

Jueves 16 de Julio del 2020 | 2:25 pm

Por: Vicente Díaz

Gamarra es un milagro de Dios: sobre ella he visto pasar muchas crisis y su pujanza siempre prevaleció. Pero la prueba del nuevo coronavirus es diferente a todos los problemas anteriores.

En este mes de julio el emporio textil más importante del país empieza a recuperar el tiempo perdido durante la cuarentena, poniendo en práctica protocolos con cargo de que las autoridades antes de perseguir a los emprendedores deberían de formalizar a gran parte de esa fuerza laboral.

Sin embargo el esfuerzo humano y del Estado será insuficiente y los duros de corazón tendrán que ablandar su mirada a Dios, debiendo clamar por su ayuda y bendición.

Se necesitará mucho tiempo para que Gamarra vuelva a operar con márgenes por cierto muy lejos a lo que producía antes de la pandemia, pero más que nada se requiere mucha fe.

Por más esfuerzo que haga el gobierno con sus ministerios de la Producción y de Trabajo, o el afán que pongan las Municipalidades de Lima y de La Victoria, nada de ello será viable si es que las autoridades no piden al Señor más tolerancia, iluminación y fe.

Por fe vivimos, por fe existimos y este es el primer consejo que doy a tantos emprendedores, jóvenes y trajinados, porque Dios es el que consuela nuestra tristeza, más todavía al ver tantos proyectos de vida detenidos por un virus que ha paralizado gran parte de las naciones.

Pónganse en las manos de Dios, Él obrará, porque los caminos que tiene para con nosotros no son los que necesariamente corresponden a nuestros planes.

Quiero dar un breve testimonio de mis inicios como ambulante, cuando atemorizado y cansado ante ladrones escondidos en La Parada que me robaban la mercadería, y frente a la continua persecución de un policía municipal que me había agarrado de punto, la verdad es que por miedo casi dejo el comercio minorista.

Me iba a dedicar a la labor de electricista porque eso había estudiado en el Politécnico José Pardo, de la Avenida Grau, sin embargo ese trabajo no era mi destino ni el plan que Dios tenía para mí.

Incluso recuerdo que a familiares o amigos hasta les dictaba improvisadas clases de electricidad, pero resistí como comerciante, tuve fe y seguí con mi trabajo de ambulante, llegando a tener con los años fábricas y contratar para ellas muchos ingenieros electricistas y electrónicos.

Con esto, hermanos empresarios de Gamarra, les quiero dar una palabra de aliento, fe y motivación.

No desmayen, únanse y saquen fuerzas de donde no las haya, porque Gamarra es un milagro de Dios, un espacio bendecido para millones de peruanos que desde los años cincuenta a la fecha ha servido para que millares de familias consigan el sustento diario para sobrevivir y educar a sus hijos.

Lo mejor que he hecho en vida, más que haber tenido 6,000 trabajadores en mis empresas, ha sido mi relación con Dios, el estar a su servicio porque Él tiene el control de todo y bendecirá a ustedes, hermanos de Gamarra.