NO MÁS CUARENTENA ESTRICTA, A CONVIVIR CON EL VIRUS

Miércoles 13 de Mayo del 2020 | 8:12 am

La vida es prioridad, de eso no hay duda, pero el confinamiento ya no da para más. Le hemos ganado tiempo al virus. La estrategia inicial del Gobierno no falló, nos aislaron oportunamente. Pero hoy la informalidad y la intervención tardía en los mercados (focos de contagio masivo) nos pasan factura.

En el camino hubo decisiones erradas, luchas de egos y oídos sordos a especialistas y científicos con experiencia en la materia. El Ejecutivo debió optar por aplicar la mayor cantidad de pruebas moleculares y no las serológicas, además de repartir kits de protección para los más pobres y darle pie a las cuarentenas focalizadas.

El aislamiento estricto ya no tiene lugar en el Perú. Ahora toca acostumbrarse a convivir con el virus, siendo responsables en el cuidado individual para no dañar a nuestro entorno. Las medidas de prevención sanitarias a estas alturas seguramente ya se convirtieron en hábitos. No sean tan cerrados, es el momento de aliarnos al delivery, tomando claro todas las medidas de protección necesarias en el ámbito informático y la salud.

Urge reactivar la economía, bajo el riesgo de más muertes y contagios, pero acompañados de autoridades serias y sinceras. El populista Martín Vizcarra, que se muestra con excesivo optimismo comparando nuestra situación con la de países europeos que no son tercermundistas como el Perú, debe sacar de inmediato al alarmista y apático ministro Víctor Zamora por quien su propio gremio ya no siente confianza ni respeto. De quedarse en la cartera, por lo menos que cambie su estrategia de comunicación.

Lo sucedido con los guantes demuestra que no están trabajando en conjunto. Ello hace que la población no tome en serio a sus autoridades y derive en lo que vimos la semana pasada: gran cantidad de gente en las calles. Sea que hayan salido por necesidad o desobediencia, lo cierto es que parecía que sus vidas retornaban a la normalidad y que el aislamiento obligatorio había acabado, pero no sucedió, se amplió el estado de emergencia y con ello las carencias de quienes viven del día a día y no pueden comprar alimentos para toda una quincena.

El reiterativo pedido de quedarse en casa nunca pudo ser para todos. Antes de juzgar por ver a alguien trabajando en la vía pública, primero piensa en qué motiva a una persona a exponerse a un virus que mata.

No hay un deseo de que el Gobierno fracase en la lucha contra el coronavirus. La batalla es de toda una nación. Que justos no paguen por pecadores, señor presidente. ¡Juntos saldremos de esto!