LAS PRUEBAS RÁPIDAS DE LA MUERTE

Miércoles 22 de Abril del 2020 | 8:30 am

De extenderse el estado de emergencia por la pandemia del Covid-19, que incluye cuarentena y toque de queda, sería bueno sincerar las cifras, endurecer las restricciones, reducir la burocracia para acceder a los bonos y beneficios en materia económica que viene dando el MEF y agilizar la entrega de las canastas con productos básicos para las poblaciones vulnerables.

Sin ánimos de justificar a quienes salen a ganarse el pan de cada día incumpliendo las medidas para el aislamiento, mientras los subsidios ofrecidos por el Gobierno tarden tanto en llegar, es hasta cierto punto compresible que pongan por encima de su salud a la economía, pues hay quienes pasan el día sin probar bocado y no queremos tampoco que nuestros compatriotas empiecen a morir de hambre.

Otro punto, a partir de la revelación de Panorama sobre el rechazo del Gobierno de comprar 500 mil pruebas moleculares cuyo costo por unidad es menor que las que adquirimos el mes pasado, es que se sabe hoy que la oferta de test moleculares certificados en el mercado es mucho más amplia de lo que imaginamos. El último fin de semana hubo 100 muertos en dos días. Venimos de una semana dura. Ahora crece la duda y el temor por los falsos negativos de las polémicas pruebas rápidas. Casos como el del congresista Glider Ushñahua no pueden ni deben volver a repetirse.

La prioridad deberían ser las PCR, porque ya lo dijo el biólogo molecular Ernesto Bustamante: “si yo tomo una persona que sospecho que ha sido infectada y digo ‘es negativo’ porque uso un método que detecta a partir del día 15, en realidad, nunca podré parar el contagio porque siempre tendré personas que han tenido 15 días para contagiar”. Menos alarmismo en las declaraciones del ministro Víctor Zamora tampoco vendría mal.

Cuidado que los diagnósticos equivocados por practicar pruebas serológicas termine llevándonos a la muerte más rápido. De suceder eso, la pronta iniciativa de Martín Vizcarra para evitar más contagios a través del aislamiento obligatorio, se vendría abajo y nuestros esfuerzos habrían sido en vano.