GAMARRA, CUNA DE EMPRENDEDORES

Jueves 28 de Mayo del 2020 | 1:46 pm

Por: Vicente Díaz

Nací el año 1938 en Arequipa pero estoy vinculado a Gamarra, distrito de La Victoria, desde la adolescencia, cuando pocos años después de la muerte de mi padre, mi mamá y mis hermanos decidimos emprender el viaje hacia la capital en busca de un mejor futuro. Había que trabajar muy duro, tal como lo hacen ahora mis hermanos “gamarrinos”, y digo “gamarrinos” a mucha honra.

Empecé a la edad de 14 años vendiendo calcetines en el Mercado Minorista y en el Pasaje A, llamado posteriormente Prolongación Gamarra, cuadra 7, calle principal de lo que ahora se conoce como el emporio textil más importante del país.

Tuve que pasar mil peripecias, trabajando de sol a sol y también en los inviernos húmedos y lluviosos, caminando entre aceras maltrechas y las pistas derruidas, convertidas en grandes charcos y lodazales, cuidando que mi modesta mercadería no se estropeara. Porque eso era Gamarra en la década de los cincuenta y esa era su imagen, acaso más dura a la vista de quienes hoy la conocen mediante los noticieros.

Un hecho adicional es que si no era la delincuencia la que arrebataba tus productos, eran los policías municipales los que te correteaban porque no querían ambulantes en la zona, y peor cuando hoy existe abuso y corrupción de malos funcionarios.

Mis hermanos y yo trabajábamos para el día, y para llevar algo de comer a mi madre, pero ella nos educó en la laboriosidad y disciplina. Así sobreviví hasta salir de la adolescencia y a los 21 años recibí mi liberta electoral, pero para entonces con el fruto de mi trabajo ya tenía mis primeras tiendas y locales.

Hubo momentos de mucha incertidumbre, por ejemplo cuando te quitaban tu mercadería y se debía empezar de cero, sin embargo no hay nada que el trabajo esforzado no pueda lograr. Veo ahora con demasiada confusión a las autoridades y a miles de jóvenes emprendedores, todos cargados con mucho coraje, sobre todo debido a una cuarentena que se extiende hasta el 30 de junio.

A los emprendedores les digo no desfallezcan, tengan fe y confíen en Dios; oren y pidan, háganlo por sus hijos y sus familiares más queridos, a pesar de que muchos no han recibido bono y ni siquiera canasta. Sean emprendedores valientes y salgan adelante. No hay excusas para no desarrollarnos, yo lo logré con un ojo tras haber sufrido un accidente a los 15 años de edad; pero eso no fue obstáculo para seguir como ambulante y luego como industrial. ¡Dios los bendiga e ilumine a las autoridades! porque no se trata de desalojar a la fuerza sino de hacer primero una eficiente planificación y reubicación!