Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

VEINTE LUCAS

Lunes 6 de Julio del 2020 | 7:35 am

Feliz día a mis distinguidos colegas docentes.

Domingo 5 de julio. A pesar que descanso domingo, fui programado para ir a laborar por una urgencia en sacar un proyecto editorial, así que ni modo. Arranqué mi “negrito” y a chambear se ha dicho.

Llego al primer semáforo en mi ruta y me aborda una señora que, a juzgar por su avanzada edad, debería seguir en cuarentena, sin embargo, estaba allí exponiéndose en la venta ambulatoria. Me enterneció tanto su rostro y me conmovió ver sus deditos entrelazados a pesadas bolsas de mandarinas, plátanos y naranjas que vendía.

Me tocó la luna y levantaba a cada rato sus productos. No escuchaba lo que decía, pero era fácil suponer. Como faltaban 60 para que cambie la luz, empecé a buscar alguna moneda para colaborar con ella –confieso que me moría por devorar mi fruta preferida porque me reconozco mandarinero de ligas mayores- busqué, busqué y nada.

Me apenaba la idea que ella esperara por las puras, así que hice un último intento. El bolsillo del lado del copiloto (donde nunca suben). Encontré un billete de 20 soles y ya sé qué pensarán ustedes, estimados lectores. En efecto, le dije a la distinguida señora que espere y bajé mi luna más feliz que nunca.

Le empecé a pedir bolsa por bolsa, una de plátanos de seda y también las de la isla, una de mandarinas, otra de naranjas. La enternecedora señora se quedó con las manos vacías. Testigo de ello, cinco jóvenes venezolanos limpiadores de lunas que estaban sentados descansando y mirando la escena con mucha expectativa.

Le alcancé a preguntar cuánto era lo que le debía y me dijo un monto que no pude escuchar por la bulla que empezó a hacer el chofer que estaba detrás de mío. No me había percatado que ya había cambiado la luz a verde y me tocaba el claxon para que avance. Yo no le hice caso porque estaba pagando el costo de los productos.

Le doy el billete dobladito. Al verlo, no cesó de decir GRACIAS, GRACIAS SEÑOR, mi última venta, GRACIAS PAPITO. Metió la mano a su bolsillo en señal de darme vuelto, y antes que me diga algo, le alcancé a decir: MAMITA, SI HAY VUELTO, QUÉDATE PARA TU PASAJE. La señora juntó sus manitas y creo que me bendijo, por el gesto que hizo porque su tapabocas no permitía confirmar lo que afirmo.

Los jóvenes venezolanos empezaron a hacer hurras, gritos y aplausos inmerecidos. Yo solo atiné a mirarlos y arranqué sin dejar de decirle a la vendedora CUÍDATE MAMITA. Metros más adelante me pongo a un costado para que pase el bullero que me estaba dejando sordo con su claxon y al pasar, bajó la cabeza como buscándome la mirada y me levantó el pulgar derecho en señal de LIKE.

Un mensaje para todos mis colegas. Cuando puedan ayuden. No piensen en otra cosa, solo ayuden cuando esté en sus posibilidades hacerlo. Se siente una paz y tranquilidad que no tiene precio… Sigo en la vía.