Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

TRANSFORMACIÓN OBLIGATORIA

Lunes 1 de Junio del 2020 | 7:27 am

Los cambios que ha exigido la pandemia son realmente alucinantes, no solo en la vida comercial que de a pocos se abre sino también en las conductas de las familias.

Viernes (11am.) Salgo a surtirme de combustible y a verificar el nivel de las llantas de mi “negrito” cuando en el camino me encuentro con la más variopinta constelación de vehículos transformados en usos diferentes al de fábrica, empecemos:

1. Una mototaxi de colores sicodélicos irrumpió por la pista con ligeras variantes: adelante el conductor de rigor; sin embargo, en la parte posterior iba un joven con al tal cantidad de paltas fuertes que sumado a su peso corporal más la balanza denotaba imagino que hacía crujir las llantas posteriores del vehículo menor: ¡PALTAS, CASERA, PALTA FUERTE, A CINCO SOLES EL KILO, APROVECHE, CREMOSITAAAA! Era la arenga fuerte que vociferaba el joven vendedor. Chamba es chamba y hay que buscársela, me dije.

2. Una combi de 15 pasajeros, no tan antigua había sido modificada notoriamente. Le habían retirado todos los asientos (menos el de conductor, por supuesto) y en su lugar habían zonificado el interior del vehículo con verduras que no hacían extrañar la “paradita” del barrio. Tres señoras ofrecían sus productos a precios módicos.

3. Una carretilla de construcción también fue aprovechada ingeniosamente por una pareja de venezolanos quienes vendían pollos a un precio que hace cuatro meses no lo podríamos ni soñar. Un pollo entero fresquito a S/ 12. ¡Una ganga!

4. Un joven que vendía naranjas sobre un triciclo simple no tuvo mejor idea que utilizar una naranja de tecnopor –imagino que habría sido de un menor de educación inicial- por la forma de la sonrisa del “naranjito”, pero que por ser tan notoria sirvió de gancho marketero para vender sus productos.

Aquí me detengo en este breve recuento de las inimaginables cosas que uno detecta en la calle en estos tiempos de cuarentena.

No puedo criticar a los vendedores que arriesgan sus vidas al salir de sus zonas de confort para comercializar sus productos y llevar un dinerito para el sustento de su hogar. Quizás sea la premisa de muchos que o se mueren por el covid-19 o de hambre. Lo que sí deseamos es que el binomio cliente-comerciante busque guarecerse de las formas de contagio de este virus que tanto dolor viene causando en nuestro país y en todo el orbe.

La creatividad es un talento y muchos vienen reiventando sus negocios en pos de una nueva convivencia con este bicho que ha venido a transformar todo, lo que sí no ha logrado es descomponer la solidaridad de muchos que vienen compartiendo lo poco que tienen con los más desposeídos. Todos los días oro por ellos.

Es momento de mirar al prójimo y ponerse en su lugar, eso es SOLIDARIDAD y amor al semejante… Sigo en la vía.