Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

RÁPIDOS Y FURIOSOS

Lunes 7 de Septiembre del 2020 | 8:05 am

La nueva “normalidad” ha traído cambios radicales de costumbres que a veces impacta, sobre todo a quienes recorremos las calles. A continuación, una muestra de ello.

Sábado 12 m. Hora del refrigerio y como no puede ser de otra manera enrumbo a casita para el suculento almuerzo. Cruzo por la Av. Universitaria y veo ocho motociclistas que pasan por ambos lados del carril donde iba.

Eran repartidores de comida de conocidas empresas que, me imagino, habrán hecho una apuesta para ver quién llega primero a destino a juzgar por la rapidez con que iban. Se notaba que eran bastante osados por las piruetas que realizaban para sortear los carros.

Al llegar al semáforo me di con la luz roja y otro grupo de motociclistas llegaron al punto donde yo me encontraba. Como había algo de tráfico me detuve a aprovechar el momento para rociarme de alcohol las manos, en ese momento veo que por mi lado derecho un motociclista golpea mi espejo retrovisor a tal punto que lo dobló hacia el lado contrario.

Notoriamente ofuscado, pero sin bajar de mi “negrito” toco el claxon para reclamarle esa acción por medio de gestos y el tipo ni se inmutó. Fue otro colega suyo que también aprovechó de pasar por el mismo lado que se detuvo, doblo mi espejito hacia el lado donde debería estar y me hizo un saludo militar y se fue a parar a la fila de motos donde se encontraba el joven que había ocasionado el leve percance. Se dieron un saludo codito a codito y conversaron.

Al fijarme que mi retrovisor no había sufrido ningún arañón me quedé más tranquilo, pero me llamaba la atención el espíritu de cuerpo que hay entre ellos. Son jóvenes la gran mayoría de nacionalidad venezolana, pero un tanto alocados para manejar. Quizás su carga adrenalínica lo gastan en cada reparto pero eso mismo hace que estén expuestos a accidentes al no medir el peligro que resulta manejar un transporte ligero.

Otra cosa que llama la atención es la predilección que tienen estos jóvenes en enfilarse delante de los autos. Fíjense bien. Siempre buscan ponerse en primer lugar para salir disparados hacia su destino. Han tomado las calles y su número va en aumento, sobre todo los domingos de inamovilidad donde ellos sí están autorizados a circular y al encontrar las vías vacías sufren aparatosas caídas cuando la pista está mojada por la lluvia.

Este Reportero al volante también manejó moto durante cinco años y conozco el peligro que significa correr en dos ruedas, por eso si algún lector de esta columna tiene un familiar que haga ese servicio recomiéndenle tomar mucha precaución. Es bueno ganarse la vida trabajando pero sin exponerla innecesariamente a los peligros constantes que significa manejar en Lima… Sigo en la vía.