Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

¡QUÉ MAESTRA!

Lunes 15 de Abril del 2019 | 6:40 am

Hoy que está tan en boga el tema del enfoque, esta columna va dedicada para las esforzadas mujeres que día a día salen adelante en procura del sustento económico familiar.

Jueves 11.00 a.m.: Acabé de dejar a un pasajero por la Av. Tingo María y de pronto me acordé que mi cinturón de seguridad hacía dos semanas presentaba desperfectos. A cada rato se zafaba y esto originaba que se activara el “Tuu, tuuu, tuuu” de la alerta en el panel de mando de mi “negrito”.

Le puse cartoncito para ajustarlo, engancharlo al asiento del copiloto para que no moleste… hasta ganchito de ropa para evitar el pitillo, pero todo fue en vano. Para terminar esta pesadilla fui a la zona que me recomendaron para solucionar mi problema: El coliseo Amauta. Fui para allá y se me acercan los jaladores:

– Mire maestrito se lo reparo por S/ 60… ¡Una ganga!, me dijo uno.

– Yo se lo arreglo por US$ 30, le consigo un original maestrito, me respondió otro.

Cuando el sol y el bullicio de la zona ya estaba por hacerme tirar la toalla e irme a mi casa, una correcta señora provinciana se me acerca y me dice:

– ¡Qué estás buscando, papito! Con un rostro añejo pero superamable.

– ¡Mamita! Mira cómo se me escapa el cinturón, quiero arreglarlo, por fa!, le respondí con una sonrisa.

La tierna señora me dice bien pegadita a mi oído: “Mira papito, acá todos son habladores, dicen que son capos pero ni hacer una llave saben. Anda a donde está la sombrilla azul y pregunta por la señora Flor, vas a ver”.

– Genial, señora, gracias por el dato (le hice un saludo militar que le causó gracia a la amable “señito”.)

Ahora el reto era buscar a la famosa doña Flor. Pregunté y pregunté hasta que aparece delante mío una joven señora bastante alta que con sombrero de ala ancha se acerca a mi luna y me dice:

– Yo soy la señora Flor. ¿En qué te puedo atender?

Confieso que me quedé perplejo con su altura y luego pasé a explicarle el asunto. No esperó a que termine y me dijo de manera contundente.

– Yo te reparo tu misma entrada de cinturón original. Solo dame un par de minutos que traigo mis herramientas. Arreglarlo no me toma más que tres minutos y te va a costar S/ 10.

Ante una información tan completa, no me quedó otra que bajarme y darle paso a que ella entre a “operar”. Estimados lectores, lo hizo con tal maestría que me quedé boquiabierto de lo rápida que era y lo hábil para tratar estas averías.

Terminó en tres minutos, salió de mi auto y me dijo: ¡Pruébelo!

Lo probé y quedó espectacular. Adiós problemas. Le pagué y se fue de inmediato a atender a otro cliente. Era la más pedida de los conductores. Aplausos para la maestra y también para quien me la recomendó… Sigo en la vía.

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