Carlos B-min

Carlos Barzola

POR UN PELITO

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Un cordial saludo a la promoción 81 del colegio 3037, hoy Gran Amauta, por sus 40 años de fundación, de manera especial a Daniel Mendoza, asiduo lector de esta modesta columna.

Miércoles 6.00 a.m.  Como de costumbre, siempre en las mañanas suelo desinfectar a mi “Negrito” para ponerlo a punto en los deliverys. Todo transcurría de manera normal hasta que sucedió algo inesperado.

Mientras limpiaba los aros de mi auto, veo con sorpresa que un auto Toyota retrocedía temerariamente. Según mis cálculos mi “Negrito” iba a ser impactado de seguir en esa trayectoria.

Es así que me puse de pie y fui directo donde el conductor a indicarle que gire el timón hacia su derecha. El chofer no me escuchó o prefirió no hacerme caso porque seguía retrocediendo poniendo en peligro mi auto. Llegó un punto que tuve que golpearle el capot para que me entienda y de pronto frenó.

Ese auto tenía lunas polarizadas y ante mi reclamo, veo que se abre la puerta del conductor y sale una joven con pinta de modelo: Señor, ¿podría sacarme Ud. de este enredo?

Comprenderán que mi sorpresa fue mayúscula al escuchar este pedido. En pandemia usualmente no manejo otro auto que no sea el mio, pero la señorita conductora lo dijo con tanta desesperación que no tuve otra opción que aceptar.

“No hay problema”, le dije, a la vez que me entregó la llave de su auto. Subí y cuando estoy a punto de encenderlo, veo que la palanca de cambios denotaba que era un carro automático. ¡”Diantres”! dije en mi interior. Hace tiempo no manejo un automático”.

Es fácil deducir los cambios en una unidad así, pero se notaba que el auto estaba muy acelerado y en malas condiciones. Aparte de cascabelear tenía los asientos muy desgastados e inclinados, en suma, me hizo dudar el manejarlo por lo que decidí salir.

“Disculpe, señorita, no estoy acostumbrado a manejar automático sino mecánico. Suba Ud. y yo le indico”, le dije.

“No se preocupe, señor. Gracias de todos modos”, fue la respuesta de aquella cortés dama.

Subió al auto y empezó a retroceder. Yo iba indicándole el sentido y se notaba a leguas que no tenía pericia en el manejo porque dos veces mi “Negrito” estuvo a punto de ser impactado en la zona posterior.

Luego de 30 segundos de gritar: “Avance”, “Ahí nomás”, “Gire a la derecha”, “Dale, dale”, etc. El auto finalmente salió y enrumbó hacia su desconocido destino.

Yo regresé a terminar mi limpieza con el “Negrito” y le dije: “Casi te chancan, mi estimado”… Cosas de la vía.

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