Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

PERDONADO

Lunes 9 de Septiembre del 2019 | 10:10 am

Viernes (09.30 p.m.) A dos cuadras del cruce de la Av. Universitaria con José Granda, cada noche, observo a un sacrificado joven que a punta de giros y acrobacias se gana la vida.
Una luz roja detiene mi marcha y me da pie a deleitarme con las espectaculares acrobacias de este joven. Su rutina le tomó los 60 segundos que dura el cambio de luz. El joven termina sudando a mares y va corriendo a cambiarse de camiseta porque debido a las vueltas de trompo que hace en la pista, la ensucia terriblemente.
Cambia la luz y observo que no calculó su tiempo. El pobre joven tuvo que apresurarse a salir de la pista porque ya los autos estaban por embestirlo.

He observado siempre la mitad de su show callejero, pero en esta ocasión sí tengo que admitir que vi, segundo a segundo, la potencia del equilibrio registrada en sus brazos. Lástima que siendo la rutina más rigurosa nadie pudo apoyarlo económicamente.

Como me encontraba sin pasajeros no pude con mi genio y en la próxima esquina di vuelta en “U”. Enrumbo de regreso para estacionarme y apoyar a esta joven promesa cuando de pronto un policía me indica que me ponga a un costado de la pista porque había girado en una zona no permitida.

– Buenas noches, por favor, sus documentos, me requirió el policía de tránsito.

– Buenas noches, mi estimado, aquí tiene. Le entrego todo lo que me solicitaba porque los porto siempre a la mano.

– Ud. sabe que este cruce no se puede girar en “U”?

– Disculpe, mi estimado, la verdad que me concentré más en girar para ayudar a este pobre joven que me ha conmovido.

– ¿A qué se refiere? Me preguntó el efectivo policial.

– A aquel jovencito que hace sus piruetas y nadie le apoya.

– Y no me diga que usted ha girado para ayudarlo… ya pues.

– ¿Qué le hace pensar que no puedo hacerlo? Le respondí.

– A ver, a ver, si es cierto. De qué manera pensaba apoyarlo?

– Mire, jefe, tengo 10 soles y una caja de pizza para darle.

El policía me miró de reojo como dudando y me lanzó el reto.

– Si usted hace eso, yo no le pongo la infracción.

– Me dio la mano y me indicó que siga.
Avanzo, cuadro mi carro, abro la maletera y saco una cajita de pizza que me había regalado mi sobrina. Busco los 10 soles en billete y lo encontré en mi morral.

Le indico al joven que venga para un costado y él entiende de inmediato la señal.

– Amigo, mira todo esto para tu casa y esto otro para tu pasaje.

– El jovencito muy emocionado me respondió: Gracias, señor, muchísimas gracias. No sabe lo desanimado que estaba, ya quería irme porque está bajo el apoyo.

– No tienes que agradecerme, jovencito, sigue echándole ganas y alcanza tus resto. Chau, cuídate mucho.

– Gracias Señor y se fue a guardar el billete en su mochila que lo tenía amarrado a un árbol.

El policía había estado observando toda la escena y con un dedo pulgar arriba, arrancó su moto y se fue. Yo hice lo mismo esbozando un sonoro: “¡Ufff!” pensando en la papeleta que me había perdonado el efectivo.

Sigo en la vía.