Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

PEATONES PELIGROSOS

Lunes 11 de Noviembre del 2019 | 12:17 pm

Un saludo muy especial a mi colega Mónica Gestro por sus palabras hacia este servidor. Éxitos en su publicación turística y como animadora radial junto al gran Bazalar. Buenas vibras.

Sábado 11 p.m. Salía de mis labores cotidianas para ponerme al servicio del aplicativo. Iba a destinarle cuatro horas seguidas a este fin y empiezo el chequeo de rigor: celular cargado, llantas infladas, temperatura y revisión del combustible, etc. etc.

Bajo la velocidad al llegar al cruce de las calles La Mar y Universitaria fui testigo de un hecho que me llamó la atención. Habían dos orates casi sin ropa que estaban haciendo problemas al chofer que iba a dos autos delante mio. El rojo del semáforo daba pie para que estos dos personas alejados de la realidad amenazaran con piedra en mano para que le den propina.

No solo el temor era porque se trataba de dos sujetos agresivos, sino que lanzaban lisuras de alto calibre si le negaban la propina. Tenían que darles sí o sí o de lo contrario amenazaban romper el parabrisas.

El semáforo demoraba y estos tipos estaban avanzando hacia mi carro. No tenía otra alternativa: Metí la mano a mi bolsillo y veo que tenía muchas monedas amarillas (de 10 y 20 céntimos) y no plateadas. De inmediato pensé que si estos orates se daban cuenta que era poco dinero me podían lanzar la piedra. Lo primero que atiné a hacer es guardar el celular y sacarme el cinturón de seguridad por si acaso.

En efecto, me tocó el turno y bajo la luna, a la vez que apago mi radio. Por suerte solo uno de los dementes fue a darme alcance, el otro se fue a otro auto. Empezó una sarta de insultos desde mentadas de madre con ajos y cebollas blandiendo una tremenda piedra sobre la mano derecha.

Yo le grité: ¡CÁLMATE, TE VOY A DAR LO QUE TENGO, PERO CÁLMATE!

El tipo no entraba en razones y cada vez se ponía más furioso y amenazante con la piedra. Lo único que me quedó es sacar todo el sencillo que tenía (que sumarían S/ 2.70 aproximadamente en puras moneditas).

Mi salida fue decirle: ¡TOMA! y lancé a propósito las monedas en la pista para que se tome un tiempo en recogerlas. El resultado fue el esperado, el loquito dejó su piedra a un costado y empezó a buscar por la pista las monedas que regué lo cual me permitió avanzar y salir del peligro.

Quizás mis lunas se salvaron en esta ocasión y quiero aclarar que yo siempre ayudo cuando puedo sobre todo a madres o niñitos que venden sus productos en las pistas, pero esta vez la verdad que se me juntaron monedas de poco corte y no tuve más remedio que pensar en esta solución, no tan correcta, pero que me salvó de la emergencia…

Sigo en la vía.