Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

OREJAS DE CONEJO

Lunes 4 de Mayo del 2020 | 8:30 am

Mi agradecimiento a todas las personas que se sumaron en la ayuda a la “Mamá guerrera” y la hermosa bebé Helen que resultaron desalojadas de la habitación que alquilaban. Dios los bendiga.

Jueves, 10 a.m. Iba tranquilamente a entregar más donativos a las protagonistas de esta campaña de solidaridad cuando de pronto me cruzo con una escena que a cualquiera de ustedes le hubiera partido el corazón.

Una pequeña de aproximadamente 5 años estaba llorando sentadita en la vereda y gritaba a todo pulmón: “MAMI, TENGO HAMBRE, TENGO HAMBRE”. Detengo mi marcha para ver de qué se trataba. De improviso se me acerca una joven con una bolsa de caramelos: ¿Caballero, me colabora?, alcanzó a decirme tras la luna de mi “negrito”.

Yo estaba más concentrado en el llanto de la niña que en lo que me ofrecía la joven y le pregunto: ¿Es su hija la que está llorando? De inmediato me dijo: ¡Sí! Otra vez pregunté: ¿Y por qué no la atiende?. Pues porque no tengo qué darle y bajó sus brazos en señal de impotencia y se puso a llorar.

Se me hizo un nudo en la garganta. Cuadré a mi “negrito” mientras buscaba en mi bolsillo algo de dinero. Encontré S/ 10 que le entregué con un claro mensaje: Compre algo para que no siga llorando. ¡A LA ORDEN! Me dijo y enrumbó a una tienda que había al costado.

Vi la cara de la pequeña que parecía entender lo que sucedía. Se cayó y se puso a aplaudir como si intuyera que ya venía algo para llenar su barriguita. La alegría de ella también fue la mía, pero la cosa no quedó allí.

Recordé que en mi “negrito” habían juguetitos que estaban destinados para la bebé Helen; pensé que también podría ser compartido con aquella pequeña que no tenía con qué jugar. Helen tiene 4 meses y esta bolsita de juguetes son como para una niña de tres años, hay tiempo para pensar en otros.

La determinación estaba hecha, le entregué la bolsita con juguetillos y no se imaginan la cara que puso la pequeña. Para ese entonces llegó la mamá con un yogurt con bolillas de chocolate, mandarinas y cuatro bizcochos. La mami también festejó el regalo y ella misma ayudó a sacarlos. La niña se puso una vincha con orejas de conejo lo cual me causó risa porque al ponérselo comenzó a saltar como una verdadera conejita.

Ya no me quedé para ver más. Me despedí con saludo militar y muy feliz de haber calmado a esta pequeña. Subí al “negrito” y me fui a entregar los encargos. Por el retrovisor comprobé que ambas –madre e hija- jugaban a la ronda llenas de felicidad.

Son estos los detalles que nos dan sentido mágico a la vida. Al día siguiente llamé a la benefactora para explicar el destino de los juguetitos y me agradeció haber tomado esa decisión…. Sigo en la pandemia.