Carlos B-min

Carlos Barzola

MISMO SUPERMÁN

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La inseguridad ciudadana ha obligado a la población a organizarse de diferentes formas. En mi caso estamos resguardados por unas rejas que las cierra un vigilante a golpe de 10.00 p.m. Al menos el número de robos ha sido tan reducido que seguimos bajo este sistema. En este panorama ocurrió una anécdota que a continuación detallo.

Sábado 7.00 a.m. Mi “Negrito” siempre pernocta en un amplio garaje del popular barrio sanmartiniano. Como de costumbre este servidor se levanta muy temprano a poner a punto a mi auto y limpiarlo diligentemente para iniciar la jornada.

Cuando estoy saliendo para abrir al garaje noto a una persona sospechosa que estaba merodeando y viendo el interior de un vehículo aparcado en mi barrio. Definitivamente el sujeto no era conocido por la zona y se le notaba muy nervioso.

Al verlo con intenciones de reventar la luna del auto estacionado, se me ocurrió activar la alarma de mi auto que, para ser franco, es bastante bullanguero. Una vez que empezó el ensordecedor ulular de mi “Negrito”, el sospechoso de fue rápido a la vereda del frente. ¡Ajá! Sospechas confirmadas.

En esos instantes se acerca el vigilante y, coincidentemente, también el dueño del auto. El guardián notó la actitud sospechosa del sujeto que se fue a paso rápido del lugar. En esos momentos ocurrió un hecho muy singular.

El afectado reaccionó ipso facto, e introdujo su mano en su bolsillo posterior a la vez que empezó a correr tras el sospechoso. Fue increíble ver la rapidez con que salió disparado y, en forma paralela, la colocación de un chaleco que decía en rótulo grande en la espalda: POLICÍA. Me hizo recordar el momento en que se cambian de vestimenta los superhéroes. Era un efectivo policial de la Divincri quien en su persecución se perdió por la esquina para atrapar al sujeto.

Al cabo de tres minutos retornó, incluso ya puesto un gorro de policía. Como el efectivo era joven y deportista, regresó sin agitarse y me saludó con el clásico estilo policial y luego se escuchó claramente decir al vigilante: ESE TIPO NUNCA MÁS VA A VENIR A ESTE BARRIO, YA LO PLANCHÉ. (En el argot barrial, planchar es sinónimo de jalón de orejas enérgico o advertencia grave).

De inmediato se me vino a la mente el momento que lo habría cogido y las palabras que le habría proferido al sujeto. Se nota que llevaba al cinto un arma este joven efectivo policial.

Ese día supe que el policía era dueño de dos autos que dejaba estacionados en mi cuadra. Bueno es su otro ingreso económico que cautela y está en todo su derecho. Desde ese momento el policía se ha hecho amigo del vigilante y ahora suman esfuerzos para mantener la seguridad dentro del apacible barrio sanmartiniano. Cosas que uno llega a enterarse… Sigo en la vía.

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