Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

¡MAESSSTROS!

Lunes 3 de Agosto del 2020 | 8:03 am

Aclaro que no está mal escrito el titular de esta columna. Suelo usar esta palabra deformada cuando me encuentro con genios en su sector.

Lunes, 10 a.m. Hace dos meses mi añorado “negrito” venía sufriendo un pequeño revés en su aceleración. Como saben, mi auto es dual (gasolina y GLP). Cuando iba en gasolina su performance era genial y cogía un pique de los dioses, pero cuando pasaba a GLP (Gas Licuado de Petróleo) empezaba a dar saltitos como caballito chúcaro.

Hace tres semanas, en medio de esta cruel pandemia, lo venía circulando solo en gasolina para proteger el motor y para no hacerlo saltar. Hasta que me decidí aceptar la sugerencia de un cuajado chofer que al consultarle sobre esta avería me dijo contundentemente: ¡Escanéelo, Sr. Barzola, vaya donde Miguel! Así que me fui donde el susodicho mecánico, que para variar resultó ser mi casi promoción de colegio.

Llego a la Av. Colonial, cuadra 21 y directo me encuentro con el gran Estrada. Yo estudié primaria en el colegio de SMP con su hermano Napoleón, por eso la afinidad de tantos años. No me dejó ni explicarle el motivo de mi visita, de frente me pidió la llave y me dijo: “¡Abre el capot barzolita!”. Llegó su hijo con su laptop bajo el brazo, me lo presenta con saludo Covid y luego encendieron el motor. A partir de ese momento pasé a ser un simple espectador.

Se pusieron a hablar de números, piezas, circuitos –yo la verdad que no entendía nada- conectaron cables, aceleraban fuerte y tantas cosas más. Sacaron las bujías y seguían hablando padre e hijo un idioma casi chino porque no lograba captarle nada, así que no me metí en la conversación, cosa rara en mí.

Bastaron solo 20 minutos, desconectaron su laptop y me entregan la llave junto a un sonoro: “¡Listo, vamos, prúebalo!”. Arranqué mi “negrito” y me fui a dar una vuelta a la manzana mientras ambos entraron a su local para atender a otros clientes que habían llegado. ¡Sorpresa! mi “negrito” estaba “sedita” y con una potencia nunca antes vista.

Lo pasé a gas y no bajó la potencia. Mi fiel amigo prácticamente ronroneaba. Sin duda, ambos son unos “capos” en su materia. Acabé de dar la vuelta y nuevamente ubico a Miguel a quien le digo “¿cuánto es?”. Su respuesta fue corta: “¡Solo las gracias, estimado Carlitos!”. No me cobró absolutamente nada y solo atinó a decirme: “Cuídalo, es buena máquina” y se fue a atender otros asuntos.

Agradecí a su hijo por la cortesía y subí a mi auto con la sensación de que el refrán: Zapatero a tus zapatos se hizo patente en ambos tromes de la mecánica. Gracias en nombre de mi auto que ahora luce como salido de fábrica listo para generar más aventuras junto a este Reportero al volante… Sigo en la vía.