Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

MADRE GUERRERA

Lunes 11 de Mayo del 2020 | 8:22 am

Quiero expresar mi saludo a todas las madres en su día. Que Dios me las bendiga.

Jueves, 11.00 p.m. Venía circulando por el apasible óvalo de Habich cuando a lo lejos diviso a una señora en una actitud bastante angustiada y soportanto el frío de aquellas horas.

Al verme, levantó la mano en señal de servicio. Yo por más que se decía que no estaba en servicio, se acercó algo desesperada y me dijo:

– Señor, por lo que más quiera, hágame un traslado aquí nomás a la Av. Zarumilla, me han avisado que a mi hijo lo han asaltado.

– Señora –le dije- pero si está al costado una oficina de serenazgo, ¿por qué no le comunica la urgencia?

– Ya les dije, señor, y dicen que ese no es su servicio y además no está es chofer de la camioneta. Hace media hora que estoy aquí esperando.

– ¿Y ya pasó la voz a un patrullero de la policía?

– ¡No pasan, señor! Mi hija ha ido a la comisaría a rogar que le den auxilio.

Mire señora, yo estoy saliendo del diario donde trabajo y no puedo llevarla porque me correría el riesgo de una infracción. Lo siento.

-Pero por favor, señor, es solo acá (me señalaba angustiada) a pocas cuadras. No sea malito, le voy a reconocer su servicio.

– No es por eso –le expliqué- es que si me detienen, me van a sancionar.

Vi la cara de profunda tristeza de la señora y ese gesto me conmovió.

Hagamos algo –le dije- yo la llevo al lugar, pero desde allí usted y su hijo avisan a un patrullero para que los auxilien, ¿ok?

– Listo, y Dios lo bendiga, señor.

Enrrumbamos al punto y empezamos a recorrer un lugar medio desolado. Yo puse toda mi atención en la señora y se notaba que ella no conocía ese lugar.

– Le dije, ¿señito, usted cómo sabe que su hijo está por acá?

– Porque por acá vive mi hermana y ella fue la que me ha pasado la voz, me dijo.

– Ajá. Ok –respondí- y seguimos la búsqueda. En efecto, llegamos a ver a un joven en completo estado de ebriedad que estaba torpemente a un poste de luz. Ella lo reconoció de inmediato y salió a su encuentro. Momento en que desde lejos aproveché para despedirme y ella respondió con un gesto de bendición.

Mi alma volvió al cuerpo cuando noto que detrás de mí una camioneta de la policía nacional sonó sus sirenas para indicarme que me detenga.

Le mostré mi pase al efectivo policial y también le pedí que auxilie a la señora con su hijo recostada sobre ella. Ellos asintieron y fueron a ayudarla…

Allí reconocí que una Madre hace hasta lo imposible por su hijo. Mi homenaje a todas ellas y a la mía un beso hasta el cielo al cumplirse 10 meses de su partida. Te amo mamá… Sigo en la vía.