Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

LLANTA BAJA

Lunes 12 de Agosto del 2019 | 12:30 pm

Luego de muchas lunas vuelvo a ser testigo de graciosas anécdotas que ocurren en las calles de Lima. Disfruten, tanto como yo, la que a continuación relato.

Domingo (10.30 p.m.). Estaba culminando una jornada, con subidas y bajadas como todo en la vida. Me di cuenta que estaba a cinco minutos de mi casa y me animé a ir a descansar cuando de pronto suena el aplicativo. Un nuevo servicio demandaba mi giro en “U”.

El nombre de la usuaria no lo puedo revelar (se darán cuenta del por qué a medida que sigan esta columna).  Me animo a ir, con la firme promesa de que será el último servicio de la noche y rogaba a todos los santitos del santoral católico que me ilumine para que el traslado de esta usuaria no sea tan lejos.

Llego, llamo a la titular del servicio y me responde una voz bastante peculiar: NO SE PREOCUPE SEÑOR, AHORITA BAJAMOS. (y se escuchó un sonoro: ¡CHICAS, CHICAS, LA MOVI!

Me quedé pensando en aquella respuesta ya que usualmente los usuarios son bien parcos al contestar. En fin, ya estaba aceptado el servicio y a ponerle el hombro.

Corro la pestaña del aplicativo e indico EMPEZAR VIAJE. En eso veo que salen de la casa donde estaba aparcado, cuatro robustas damas. De inmediato pensé: ¡MI LLANTA!.. ¡MI NEGRITO!.. Quizás nunca lo conté pero los autos Hyundai son muy buenos, pero algo bajos para las calles de Lima y ni hablar cuando se cruza un rompemuelles, la verdad que sufren.

Cuando las proporcionadas damitas habían subido sentí como el “negrito” bajaba. Lógicamente no les hice saber mi preocupación y arranqué. La aceleración se hizo más pesada. Mi autito oscuro acostumbrado a desplazarse rápido en las rutas libres, esta vez lo sentí más “pesadito”… pero en fin.

Avanzo por la ruta que me indica el navegador cuando al poner la luz fuerte veo que adelante había un rompemuelle. Calculé el tamaño y pensé tragando con dificultad la saliva: NO PASO, NO PASO. De todas formas me persigné y avancé. Pasaron las primeras llantas y allí quedó el “negrito”, no pudo más y encalló a mitad de chasis.

Con mucha preocupación les dije: DISCULPEN SEÑORITAS, PERO TIENEN QUE BAJARSE PARA PODER AVANZAR. De inmediato pensé que se me iban a ir encima por lo que dije. Gracias a Dios echaron a reírse y se recriminaban entre ellas: YA VEZ, TE DIJE HIJA, LA DIETA, LA DIETA, JAJAJAJA. Otra dama respondió: AY DIOS MIO NUNCA ME HABÍA PASADO ESTO, QUÉ VERGÜENZA (risas), superado el impasse avancé un par de metros y les indiqué que vuelvan a abordar.

Desde ese momento, toda la ruta era risas y risas. Una de ellas me dijo: AY MAESTRO, CON RAZÓN USTED SE PERSIGNÓ… ¡Qué malo! Bueno, también eché a reír y todo fue tomado con humor. Llegamos a destino, me canceló el servicio y bajaron muy alegres.

Solo me quedó darle un golpecito de timón a mi “negrito” y pedirle disculpas por el esfuerzo involuntario realizado. Así es la vida… Sigo en la vía.