Carlos B-min

Carlos Barzola

HORA DE DESPEGAR

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A través de las siguientes líneas quiero aplaudir el esfuerzo de muchos peruanos por salir adelante luego de esta terrible pandemia que enlutó y trajo abajo la economía de muchas familias.

Viernes (10.00 a.m.) Era la hora de realizar el afinamiento al “Negrito” y dispuse toda una mañana para engreír a mi auto que tanto esfuerzo realiza en mis faenas diarias. Como el mecánico que lo atiende lo conoce y es muy diligente, lo que presumí duraría una hora lo realizó en 30 minutos y mi auto quedó como la chechecolé.

Salí renovado de aquel lugar a realizar un servicio: Este consistía en llevar 5 arreglos a un terminal de autobuses ubicado frente al Estadio Nacional. Cuando fui a recoger la encomienda, me quedé sorprendido por la juventud de las dueñas del negocio.

Eran dos hermanas de 20 años o algo menos que trabajaban de sol a sol, realizando estos extraordinarios adornos. Mi alma de docente y padre salió y les pregunté desde cuándo se dedicaban a esto y su respuesta fue escueta: “La pandemia nos obligó a lanzarnos al ruedo, señor”.

Luego me informaron que su madre, que hacía las veces de padre también, había sufrido un deterioro de su salud que la llevó a quedarse en cama y ellas asumir el rol de aportar para la economía familiar. Es así que unieron sus talentos y pusieron a trabajar esos dones en un emprendimiento de quitarse el sombrero.

Se dedicaron a producir adornos para toda ocasión y el nombre de su empresa es el mismo que el de su mamita. Lo notorio es ver la dedicación que le ponen a su negocio. Se fijan en todos los detalles, por mínimos o desapercibidos para parezcan.

La alegría que ponen en el proceso de producción es tal que hasta hablaban con los adornos porque escuché mientras lo introducían en las cajas: “Violeta, hoy te vas a alegrar a una linda madrecita. ¡Pórtate bien! y silbando le hacía el rito de despedida”.

¡Increíble! Pensé que solo yo hablaba con los objetos, pero veo que me equivoqué. Es este amor que imprimen a sus productos la clave de su éxito empresarial. Sus celulares no dejaban de sonar y yo solo atinaba a expectar muy contento este extraordinario emprendimiento.

Estas dos jóvenes tienen mucho que dar en la vida. Ya iniciaron su carrera de éxito y nada ni nadie las para, nadie.

Desde aquí, estimados lectores, un mensaje a todos: Emprendan, estimados, emprendan… es la mejor forma de paliar la crisis. No pretendan hacerse millonarios de la noche a la mañana, pero de gota en gota se va llenando la jarra para luego cambiar la sed…. Sigo en la vía.

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