Carlos B-min

Carlos Barzola

GUSANO DE LA DISCORDIA

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Los parques distritales se han convertido en la puerta de escape para la diversión infantil. Están más cerca de casa y por amor al barrunto se hacen más apetecibles de poder asistir para pasar momentos agradables en familia.

Domingo 6.00 p.m. Salí desde las 11.00 a.m. a trabajar y cuando llego al parque Vizcardo y Guzmán, a la altura de la 35 de la Av. Perú, decidí estirar las piernas y comer un heladito “Zambito” que me había antojado.

Hago mi colita en la heladería y fui testigo de un pugilato comercial. Una cuadrilla de trabajadores estaban descargando un enorme juego mecánico donde el protagonista era un GUSANO articulado de doble asiento. Por lo menos este gusano tendría 10 filas y en cada bloque habían dos asientos.

Lógicamente su descarga se convirtió en un espectáculo para los niños que veían asombrados cada sección del inmenso gusano multicolor y de enormes antenas que bajaban de los trailers. En esos momentos que ya tenía mi helado en mano me acerco a ver la instalación del juego mecánico y, sin pensarlo, fui testigo de un airado reclamo: Los operadores de carritos infantiles a batería se juntaron y entre los tres empezaron a increpar a los trabajadores que estaban descargando el inmenso gusanito. Empezó el pugilato: “Oye, qué te crees, ¿quién te ha autorizado a poner este inmenso aparato en este parque?”.

Los trabajadores muy orondos solo respondieron: “Tenemos autorización del municipio de SMP. Háganse a un costado por favor”. Esta respuesta exacerbó a los operadores de los autitos a batería y empezaron los reclamos. “De ninguna manera nos vas a quitar los clientes con tremendo gusanaso”, reclamaron al unísono.

“Nosotros hemos venido primero, así que no puedes eliminarnos”. Los que estaban instalando el gusano mecánico no hacían caso a los reclamos y seguían sin inmutarse. Los serenos estaban prestos a intervenir si se diera el encontrón, pero felizmente no pasó nada. Minutos más tarde empezaron las pruebas del aparato mecánico que hicieron una marcha blanca. Es decir, viajes gratuitos.

Lógicamente se convirtieron en la delicia del parque. Los dueños de los carritos a batería solo atinaban a ver cómo iban marcando terreno los nuevos inquilinos de la diversión. Como no puedo con mi genio, fui he intervine con los operadores de los carritos eléctricos: “Miren, amigos, marquen el desplazamiento del gusanote y ustedes marquen el suyo. Asunto arreglado”.

Esta determinación les devolvió el alma al cuerpo y fueron a hablar con los serenos y los operadores del inmenso gusano. Me dio mucho gusto en haber participado de la decisión. Hoy en la noche están todos trabajando armónicamente. Esa es la forma. Cuando el sol sale es para todos. Solo es cuestión de coordinar y llegar a pactar una solución común… Sigo en la vía.

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