Carlos B-min

Carlos Barzola

GUERRERAS

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Como Dios no pudo estar presente físicamente en cada familia del mundo, envió a su representante: LA MADRE. Esta frase siempre la escuchaba de labios de mi profesora de Religión y vaya que tuvo razón.

Domingo, 6:30 a.m.: Como tengo madrecitas qué saludar fui temprano con mi “Negrito” en búsqueda de flores rojas y una blanca para mi progenitora que físicamente ya no está entre los mortales.

En el camino vi gente que iba por la Av. Universitaria muy apurada para comprar pan. Los globos rojos anunciaban el gran día. Ya los ambulantes alistaban su mercadería para la gran venta anual.

Antes de llegar a la florería me topé con una antigua caserita que me vende tamales. Cuadré mi auto y bajo para saludarla, de lejitos nomás, y ella con los protocolos de siempre me atendió. Le pregunté si era madre y me dijo que sí y de dos traviesas criaturas. Ya la imagino cómo la pasará atendiendo su negocio y cuidando a dos “chuquis”. Jejeje. Me atendió y salí rumbo a las flores.

Allí me encontré también con otra historia. La señora que armaba los arreglos florales era madre también y da nostalgia verla trabajar sudando en su día. Atendió mi pedido de flores individuales y no pudo contenerse cuando le pedí aquella rosa blanca, adornada. Me preguntó: ¿su mamita ya está en el cielo? Sí, caserita –le respondí de inmediato- mi madrecita hace casi dos años que partió y ahora está junto a mi padre.

Ah, caramba –me dijo- ahora le voy a preparar un hermoso presente para su madrecita, casero.En efecto, me preparó algo muy bonito y me regaló un florerito de cristal. Yo, al no poderle regalarle nada en ese momento, solo atiné a darle una pequeña propina para que la disfrute en su día. A regañadientes, pero lo aceptó.

Confieso que me había quedado con la miel entre los labios al saber que mi caserita de los tamales también tenía criaturas, así que regresé a donde ella estaba. Saqué de mi “negrito” una rosa adornada y le entregué por sorpresa. Ella se emocionó tanto que me dio la impresión que iba a llorar, le dije: Tranquila caserita, tranquila. Creo que el sorprendido fui yo con su reacción.

Es increíble que un detalle como estos puede ocasionar un quiebre emocional en alguien que solo Dios sabe qué problemas estaría pasando, incluso al estar separada de su madre que está en provincia a fin de protegerse de esta terrible pandemia.

Dos casos de los miles que hay, madres guerreras que sacan lustre a la cualidad materna. Un abrazo para todas ustedes y que Dios y la Virgen me los bendiga abundante y eternamente; y, a mi madrecita Manuela Huamán, que está en cielo, todas mis oraciones diarias para que siga siendo esa luz que ilumina el camino que transcurro en esta Lima junto a mi “Negrito”… Sigo en la vía.

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