Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

EL HONOR ES SU DIVISA

Lunes 13 de Enero del 2020 | 1:35 pm

Un saludo especial a Rosita Vila y Gloria Montellanos, seguidoras de estas publicaciones semanales. Gracias por su asidua lectoría.

Sábado 10.40 a.m. Transcurría bastante mortificado debido al implacable calor, rumbo a un servicio de recojo al aeropuerto. Me desplazaba por toda la Av. Faucett y pude ser testigo de cuatro hechos relacionados a aquellos hombres y mujeres de uniforme cuya misión es protegernos cada día.

Es cierto que existen malos antecedentes que vinculan a policías con hechos delictivos o de inoperancia supina que en ocasiones denigra la imagen de esta institución, pero como decía mi padre: – “Hijo, nunca generalices, hay de los buenos también”.

En el primer caso, vi como un agente de tránsito se encontraba sudando y dirigiendo el tráfico. Eran visibles las gotas de sudor tras ese batir de manos para lograr que los carros avancen. El PNP con una mano hacía señales y con la otra se secaba el sudor notoriamente.

El segundo caso fue algo parecido. El agente estaba fuera de su caseta de tránsito y escondido bajo la sombra de un pequeño arbolito desde donde dirigía el tránsito silbato en mano. Tan solo se veía una manita que se movía.

El tercero se dio a la altura de la Av. Morales Duárez, donde un agente paralizó el tráfico para hacer pasar a dos ancianitos que caminaban cogidos de la mano y muy encorvados. Era enternecedor el cuadro y el policía pudo lograr que los octogenarios cruzaran sin dificultad.

El cuarto caso fue el que más me sobrecogió por el temple de la agente. Este suceso se dio a la altura del óvalo Aeropuerto y Tomás Valle. Una policía motorizada muy joven hizo una maniobra temeraria al escabullirse entre dos combis que están en doble fila y pudo alcanzar la punta, pero en el trayecto su llanta delantera patinó ocasionando que la moto cayera al pavimento.

Cobradores y jaladores fueron a auxiliarla, pero la joven PNP logró reponerse y de un solo tirón logró levantar su unidad y luego sacudirse del golpe que averió su pantalón de reglamento. Cuadró su moto y sacó su fajo de papeletas. No faltó un atrevido que dijera a voz en cuello: “Bienhecho que la tomba se cayó, karma, karma”. La policía ni se inmutó y empezó a pedir documentos a ambas combis y definitivamente que les cayó una sanción por obstaculizar la vía. Aplausos.

Ya es tiempo de que las casetas de tránsito se modernicen o quizás el ministerio del Interior pueda flexibilizar el uso de uniformes más ligeros para épocas veraniegas. Lo que sí estoy seguro es que mientras exista un grueso contingente de buenos policías que dan lustre a su uniforme los ciudadanos nos sentiremos más protegidos. Bien por estos hombres y mujeres con vocación para ser llamados AGENTES POLICIALES… Sigo en la vía.