Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

DELIVERY

Lunes 29 de Junio del 2020 | 7:52 am

Qué agradable es comprobar que esta pandemia nos ha despertado un sentimiento de SOLIDARIDAD con quienes se contagian. A cualquiera de nosotros nos puede tocar un momento doloroso y qué triste sería que nadie nos eche una manito. ¿Verdad?

Lunes, 3 p.m. Me informan sobre la sospecha de contagio de un familiar cercano con este virus que todos conocemos. En esos momentos lo primero que viene a la mente es una natural preocupación y, acto seguido, buscar qué animar a los afectados.

Llamo y en efecto, las sospechas van mostrando que es un cuadro de Covid y el novato paciente me pide toda la información posible porque, como muchos, saben que estoy muy involucrado en este tema por los 27 casos que he palpado en directo.

Nunca he adoptado una posición de falso médico, simplemente trato de brindar ánimos y transmitirle mi espiritualidad que también juega un rol muy importante. Luego de la llamada nos bromeamos y creo que había logrado mi objetivo: que se sienta más tranquilo.

Me pongo al servicio de cualquier cosa que necesiten y atento a cualquier comunicación. Al día siguiente me puse muy alegre el saber que tomaron en cuenta mi ofrecimiento. La misión: llevarle los alimentos a dos de los afectados en un distrito no muy distante al mío.

Fijamos hora y protocolos. Los que me conocen saben que soy muy estricto en ello. Mi “negrito” estaba presto para la entrega. Lentes protectores listos, mascarilla lista, y, sobre todo, la mejor disposición para cumplir el objetivo con prontitud.

Agarro la Vía de Evitamiento, y voy rápidamente por toda la avenida. Llego exactamente a las 12 m. Llamo para que me abran la puerta y listo, a bajar las cosas. La puerta del departamento estaba abierta y me dispuse a dejar los platos y demás utensilios para que luego de mi partida saboreen los deliciosos potajes que llevaba herméticamente cerrados.

Todo salió casi a la perfección. Luego recibo una llamada de agradecimiento por el servicio cuando en realidad, yo fui el agradecido porque me consideran en el proceso de ayuda a una familia que resultó infectada ya que cuando ellos estaban sanos, son los seres más solidarios del planeta. En esos momentos recordé las lecciones de mi padre: “HIJO, EN ESTA VIDA HAY QUE SER AGRADECIDOS”.

Lógicamente el servicio fue realizado de manera gratuita, porque como repito, son familiares y entre familia es imposible cobrar.

Cuídense mucho amigos, nunca desamparen a una persona contagiada, recuerda que en esta pandemia todos estamos en la mira de este virus y no porque seamos descuidados sino porque existen muchas variables por las cuales involuntariamente nos podemos infectar. A veces quisiera ser INMUNE para seguir ayudando, pero mientras no encontremos la vacuna hay que conservar las estrictas medidas de bioseguridad que se requieren.

Sigo en la vía…