Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

DE FIERO LEÓN A GATITO COQUETÓN

Lunes 10 de Febrero del 2020 | 12:15 pm

El clima de violencia va en ascenso, sin duda alguna. Quizás el estrés o los problemas en casa, pero ello no justifica lo que a continuación narraré.

Viernes (11.15 p.m.) Me apresto a llenar el tanque de GLP de mi “negrito” y para mala suerte llegué al grifo más congestionado. Ni modo, a hacer la cola. Me coloco todo ordenadito en quinto lugar y apago el motor para esperar pacientemente mi turno.

En esos momentos veo por el espejo retrovisor que un auto viene raudo con luces altas y directo hacia mí. Rechina la llanta frenando bruscamente y empieza a tocarme claxon. Yo me quedé tranquilo y solo atiné a estar a la defensiva en caso de cualquier cosa que hiciera ese chofer escandaloso.

Me toca claxon por segunda vez y justo, cuando estoy a punto de bajar de mi auto para indicarle ¡qué le pasa!, retrocede y sale del grifo. Bueno, al menos se fue, dije y volví a recuperar la calma. Grande fue mi sorpresa que este alocado conductor se fue al lado derecho del mismo surtidor donde yo me encontraba.

Yo pasé al 4to. lugar de atención por el lado izquierdo y el tronado chofer ocupó la tercera posición del lado derecho del común surtidor y empieza otra vez a tocar el claxon. En ese grifo ubicado entre la Av. Venezuela y Universitaria solo atienden mujeres y no faltó una que le gritó: ¡Espere su turno, caramba!

Para qué le dijeron eso… abrió la puerta de su destartalado auto y baja rápido un hombre totalmente desaliñado, alto y barrigón, con un short tan alto que ya parecía zunga. Se notaba a leguas que estaba ebrio y con ganas de armar lío. Como copiloto iba una señora que ni se inmutaba escribiendo concentrada en su celular.

Este chofer energúmeno empezó a insultar a la chica que le llamó la atención. Hacía movimientos desaforados y amenazantes, hasta que el chofer que estaba delante de él se le enfrente, lo encara de frente le grita un par de palabras IRREPRODUCIBLES enseñándole una insignia que se lo puso directo a su frente del peleandero. Por la forma como reaccionó el chofer abusivo, me imagino que era policía el chofer que lo enfrentó.

De inmediato el antes matoncito ingresó a su auto y cual mansa paloma se sentó tranquilito esperando su turno y con una sonrisa de oreja a oreja. Su pareja empezó a reírse y a hacerle gestos que se entendía era de burla por ese cambio de actitud al ver a la ley ante él.

El policía que llenó su tanque salió despacito y el antes energúmeno ni siquiera lo apuró. A mí me atendieron antes y salí sonriendo de las cosas que uno ve en el camino. Este rufián acostumbrado al maltrato a la gente inocente tuvo su Waterloo en esta ocasión ¡Bienhecho!… Cosas de la vida… Sigo en la vía.