Carlos B-min

Carlos Barzola

CUÁNDO APRENDEREMOS

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La irracionalidad a veces toma las calles de Lima, es por ello que debido a tantas muestras de ira capitalina me atreví a listar estas actitudes que desmerecen nuestra calidad de conductores.

A respetar las luces del semáforo y no cruzarnos como dementes apurados, peor aún exigiendo que hagan lo mismo lo que se te cruzan en el camino.

A considerar que las personas muy adultas también tienen derecho a circular mientras las fuerzas se lo permitan y no insultarlos cuando queremos que vayan a nuestro alocado ritmo.

A dar pase a las señoras con sus criaturas en brazos y no asustarlas con aceleraciones de motor que los ponen muy nerviosos, tanto a ellas como a sus pequeños.

A ser corteses con nuestros semejantes. Saludando amablemente al despachador de combustible y tratando bien al vendedor ambulante que se gana la vida bajo el inclemente sol.

A ser solidarios entre los colegas taxistas y no estar llamando persistentemente con el brazo a las personas que ya están cerrando un acuerdo del servicio con quien está delante tuyo.

A exigir respeto a los choferes del servicio público que creen que porque su unidad es inmensa todos los vehículos más pequeños tenemos la obligación de asustarnos y darles pase cuando te tocan un bocinazo de barco.

A prestar ayuda al colega que queda varado por falta de una gata. Claro está manteniendo todas las medidas de bioseguridad para evitar contagios por nuestra buena acción.

A respetar al ciclista que muchas veces, como producto de su impericia, circulan por parte de la pista ganándose una sarta de insultos de desconsiderados conductores que se creen dueños de la calzada.

A entender que el cuidado del medio ambiente que es tarea de todos y debemos, no porque nos exige la autoridad, sino por iniciativa propia tener nuestras unidades en buen estado y menos contaminantes.

A tener aseado y desinfectado nuestro auto para prestar un servicio seguro a los clientes, más aún en estos tiempos de pandemia.

A no burlar la ley cuando tratamos de creernos los vivos e ir en contra en una calle o frenando tan bruscamente que logramos hacer rechinar las llantas asustando a la persona que están sobre la vereda.

A respetar a la policía, quienes velan por un ordenamiento prolijo del tránsito. Sin tocarles el claxon para apurar sus decisiones.

A manejar tranquilos, sin correr innecesariamente en el afán de demostrar que sabemos manejar y lucir nuestra destreza que en cualquier momento puede jugarnos una mala pasada.

A ser amables en todo momento con los clientes, que son la razón de nuestra labor.

Recordemos que la amabilidad es una actitud que se cultiva y nos hace seres empáticos lo cual se traduce en un mejor servicio y, por ende, mejores ingresos… Sigo en la vía.