Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

CLASES EN LA VÍA

Lunes 2 de Diciembre del 2019 | 10:58 am

Esta columna va a manera de jalón de orejas para aquellos padres consentidores que no miden las consecuencias de formar ciudadanos desobedientes desde temprana edad.

Domingo  11.00 a.m. Iba muy tranquilo por la Av. Universitaria cuando de pronto una señora me levanta la mano en clara señal de un servicio. Al costado de la dama estaba un joven de gran porte, imaginé que era su hijo.

Acordamos el destino y el precio del traslado y la dama le pasa la voz a su “querubín” de que ya puede subir. Me asombró que la dama cargue sola las bolsas que tenía a mano.

El joven se sentó en el lugar del copiloto y no dejaba de escribir en su celular. La sudorosa madre era quien cargaba los pesados paquetes. La verdad que me incomodé, enganché el freno y bajé para ayudar a la dama.

  • Señora, permítame ayudarla… pensé que su hijo iba a hacerlo.
  • Ay, señor, que va, gracias por su ayuda, pero Dani, este chico dice que es moderno y no está para esas cosas (PLOP). (¿Moderno?, flojo era que es –pensé-, y la mamá muy consentidora)

Arranqué y pude ver en todo el trayecto que el joven iba absorto de su celular y encima de puso tremendos auriculares lo que me permitió manejar tranquilamente.

Fue la dama quien me hizo una pregunta: – Señor, ¿usted tiene hijos?

Sí, señora, tengo dos pero ya son mayores de edad.

Ay, quién como usted. Y dependen de usted?

Gracias a Dios, señora, mis hijos ya son independientes. Desde que acabaron el colegio se preocuparon por su futuro y ahora ya están laborando y siguen estudiando. La primera profesión corrió por mi cuenta, la segunda ellos se la buscan.

Y, ¿cómo pudo lograrlo, Señor?

Inculcándole el apego al estudio y respeto al prójimo. Es lo que me enseñaron mis padres y lo continúe con mis hijos, espero que siga la línea hasta mi nieto que ya está por nacer.

Ay, qué lindo habla Ud. Señor, lo felicito.

Soy profesor, señora y eso me hizo comprender muchas cosas. Ahora veo que los padres tienen temor a sus hijos y ellos son los que ordenan. Se invirtió la figura y eso está mal.

Llegamos a destino y sucedió algo inusitado.

La señora, le tocó el hombro al joven y le dijo enérgicamente: Sácate esa cosas de la oreja y escúchame. Ayúdame a cargar los paquetes. ¡No ayudas pues hoy no hay almuerzo y ya verás qué haces!

El joven al ver a su madre con tal rectitud no le quedó otra que hacerle caso.

Yo solo sonreí complacido de la revaloración de la función de madre, claro con un granito de arena de este servidor.… Sigo en la vía.