Carlos B-min

Carlos Barzola

“CHINITO” LENEGÓN

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En los avatares automotores pasa de todo… hasta encontrarse con la horma de tus zapatos. (Je).

Jueves (9 a.m.) Hace una semana estaba teniendo dificultades con el llavero-mando del “Negrito”. Los botones no desactivaban la alarma y me hacía pasar momentos bochornosos.

Me recomendaron acudir a un señor entrado en años que cobraba bien y hacía un buen trabajo, pero me advirtieron que era bastante renegón y que afinara bien el oído porque era “japonés” y masticaba mal el español.

Fui preparado. Llego, me estaciono y abordo al técnico. Le fui directo a la yugular poniéndole el llavero-mando sobre su mesa y le dije: “Buenos días, no funciona”. Me miró, me saludó inclinando levemente la cabeza, cogió el pequeño control de alarma, lo miró, movió y abrió.

Yo estaba asustado y pasando saliva esperando su diagnóstico.

Se arregló los lentes, me miró y me dijo en forma enérgica: “Su contlol, calamba, tiene tles fallas: PILA, TÁ LOTO EL PUENTE Y FALTA MANTENIMIENTO. ALEGLO TOTAL S/. 30”. Tapó el control y lo arrimó como dándome entender que si no aceptaba, me fuera.

En efecto, era de pocas palabras, muy directo y bastante enérgico (como todo japonés) hasta parecía que estuviera molesto, pero recordé a mi amigo que me dijo que tenía ese carácter.

En ese momento le dije algo que nunca debí preguntar pero que por inercia uno lo hace: “Señor, ¿va a quedar bien?”. El “chinito” me miró avanzó un paso y me respondió peor que un padre regañando a su hijo: “COMO PUELE DUDAL, YO SÉ LO QUE HAGO. ¡CALAMBA!”.

Yo que soy barrio, este “chinito” me apabulló con ese temperamento. Era un tigre contra un minino, así que ni modo, le dije: “HÁGALO”.

Diestramente empezó a separar piezas, se puso un aparato en el ojo tipo joyero y se notaba que no le gustaba que lo miren porque a cada rato tapaba con su espalda para que yo no vea.

Recordé que el dinero para pagarle lo tenía en el carro, pero ni loco iba a pedirle la llave, será para que me grite otra vez. Decidí molestarlo al final para no correr riesgos, solo rogando mentalmente: “OJALÁ TENGA EL DINERO COMPLETO PARA PAGAR A ESTE CHINITO RENEGÓN”.

No pasaron ni diez minutos y me entrega el llavero diciéndome: “PRUÉBELO”. Agarré el mando y empecé a abrir los pestillos y cerrarnos, activé la alarma y listo: TODO OK, QUEDÓ COMO NUEVO.

En ese momento voy a mi carro a sacar mi billetera y veo que el “chinito” estaba detrás mío. Me asustó al verlo cruzado de brazos y le pagué de inmediato. Ni contó el dinero y se lo guardó. Antes de irme me dijo: “NO GOLPEAL LLAVERO, NO MOJAL LLAVERO. ¿ENTENDIDO?”. Yo solo movía mi cabeza afirmativamente y se fue.

Conclusión, el técnico era muy bueno en su oficio y hacía respetar su trabajo y, lo bueno de todo daba consejos… Un capo, renegón, pero capo… Sigo en la vía.

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