Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

ALARGUE Y MÁS CUIDADOS

Lunes 25 de Mayo del 2020 | 7:28 am

Un reconocimiento a todos los miembros del servicio médico, Fuerzas Armadas, Policía Nacional, serenazgo municipal, servicio de limpieza y cuantos velan por la seguridad y sanidad ciudadana. Bendiciones por su labor.

Viernes (11 a.m.). Me voy hacia un grifo a surtirme de combustible y una señora me levanta la mano en señal de que le haga un servicio. De inmediato le hice señas que no hacía servicio de taxi y la distinguida dama entendió al mirar el cartel de PRENSA.

A dos cuadras de llegar a mi destino otra señora me indica que pare solicitándome un servicio para movilizarla hacia Breña. Sin bajar mi luna, le digo que no puedo –claro que en mi interior algo me dictaba que debía acceder porque uno nunca deja de ser taxista- pero no accedí ya que la cosa está muy peligrosa y uno no sabe cuándo se trata de un contagiado asintomático.

Llego al grifo y le indico al joven surtidor que me surta de S/ 40 de gasolina de 90 y veo por la pista que pasa un patrullero a toda velocidad. Me llamó la atención la parafernalia de tantos vehículos sobre todo porque escoltaban a un ómnibus del Ejército, quién sabe con qué contenido interior.

El joven que me surtía me comentó que ya están acostumbrados a tantas sirenas por ese sector de la céntrica Av. Faucett con el Jr. Quilca. Una cosa que me llamó la atención fue que a cada ulular de sirena él joven se persignaba. Yo le dije al muchacho que lo felicitaba por dos motivos:

1. Por colocarse adecuadamente el cubrebocas; y,

2. Por tener esa dispensa espiritual de signarse cada vez que pasaba un vehículo de emergencia.

Pagué con tarjeta y me retiré de aquel lugar con la satisfacción de ver gente joven que aún mantiene principios de respeto. Ojalá muchos fueran como él.

Parece que era mi día de suerte, pues a la siguiente cuadra nuevamente una pareja de jóvenes me levantaron la mano y, otra vez, tuve que indicarles con mi dedo que no era servicio de taxi. Francamente si fueran otros tiempos quizás hubiera sido mi día de ganancias netas extremas, pero la situación de emergencia por este dichoso coronavirus nos viene bajando –literalmente- las llantas del éxito.

Ya, de retorno con mi fiel “negrito” noté que este vehículo necesitaba una limpieza general y me fui a su respectivo lavado de salón. Felizmente encontré uno que ofrecía mejores servicios y pactamos y a bañarse se ha dicho “negrito”.

Salió como nuevo y ahora sí lo tengo bajo cuidado hasta la siguiente misión, claro está, mientras pase estos tiempos de emergencia que unido al frío invernal tornan al día limeño de un rictus medio tristón que solo la levanta el ánimo personal.

A mantenernos en cuarentena y extremar todas las medidas que sean necesarias para evitar contagios. Por el momento, mi “negrito” solo está destinado para este pechito. Es mi cápsula de protección para cumplir labores periodísticas. Sigo en la vía.