Carlos B-min
REPORTERO AL VOLANTE

AGÜITA PA TI

Lunes 6 de Enero del 2020 | 11:40 am

Quiero agradecerles por los innumerables saludos vía redes con ocasión del nacimiento de mi primer nieto. Ahora mi “negrito” tiene un nuevo pasajerito enviado por Dios para paliar en algo mi corazón devastado por la reciente pérdida de mi madre. Bienvenido Santiago Martín, tus bisabuelos irán cuidándote desde el cielo y aquí, junto a todos, disfrutando tu existencia con perfume de bebé.

Domingo 11.30 a.m. Confieso que pocas veces empiezo mi rutina con polo, pero esta vez el incandescente verano obligaba a vestir ligerito. El sol arreciaba y no pude evitar parar a mi “negrito” y echarme agua a la cabeza buscando un poco de frescura.

Metros adelante observo que una veraniega señora levanta la mano en señal de servicio. Me aborda y pregunta. ¿Cuánto a Plaza Norte? Le respondí que S/. 7 y aceptó… doy un sonoro silbido y aparecieron dos jóvenes más y dos niños con salvavidas en mano. Ni modo, chamba es chamba.

Se notaba que estaban listos para un día de playa o piscina. Los chicos estaban aburridos y uno de los jóvenes se dio cuenta de que mi polo estaba mojado y me pregunta:

-¿Señor, tanto suda? Me hizo sonreír su duda y de inmediato le respondo.

– No, joven, me he echado agua por el calor.

  • Ah, ok sorry –respondió

De inmediato la señora que me tomó el servicio me avisa por el lado posterior:

  • Señor, un favorcito, estos chicos están quemándose, ¿aprovechando el semáforo rojo puedo echarle agua a mis hijos?

La verdad que no pude decirle que no (porque yo dí el ejemplo), entonces le respondí:

  • Ya, ok, pero me ponen una toalla en el asiento.
  • Claro que sí, me dijo a señora muy contenta.

No acabé de responder cuando la dama saca una galonera de agua que tenía dentro de una bolsa de mercado y de un solo chorro mojó a sus dos menores hijos.

De forma instintiva puse mi mano sobre mi celular por si salpicaba, lo mismo hicieron los jóvenes quienes reclamando dijeron a su madre: ¡MAMÁ, PUES, TEN CUIDADO, MI CELULAR!

La mamá no escuchó los reclamos y siguió carnavaleando a diestra y siniestra. Ella misma se echó agua y para los niños era un motivo de fiesta, aplausos y risas.

Los jóvenes también entraron a la jugada y todos resultamos fresquitos con el agua encima, al fin y al cabo era agua limpia y con el calor, en cinco minutos terminaríamos secos.

El trayecto fue realmente corto y llegamos al punto en un santiamén. Felices bajaron y por primera vez me pagaron con un billete de 10 soles mojado, les retribuí con tres monedas de a sol también mojados y todos sonreímos.

Me fui reflexionando cómo un poco de agua puede provocar tanta alegría. A veces no valoramos que en las cosas más simples se esconde la verdadera felicidad… buena lección. Sigo en la vía.