Alfredo Vignolo

Alfredo Vignolo

TV, ELECCIONES Y “ENCUESTAS”

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Las encuestas constituyen una forma de sumergirse en ese universo casi siempre… incierto, nebuloso, de la investigación psicológica de la opinión pública, en búsqueda de la voluntad o del pensamiento individual de los entrevistados.

Los métodos científicos, con el auxilio de la tecnología, ayudan en este empeño de ofrecer, lo más cercanamente posible, indicios, tendencias que pueden esfumarse a un paso del ánfora o al llegar a ella.

TV y elecciones son palabras que integran otros tantos términos mágicos en las sociedades; los electores reconocen sus preferencias por la TV y que los sondeos de opinión les enseñan que ese sistema de transmisión de imágenes, es hoy la fuente principal de información.

La TV ubica a los televidentes frente a los candidatos en las entrevistas, “debates” insulsos como el del JNE, conferencias de prensa y en las calles y plazas, donde están los postulantes. Este papel tan perseverante de la prensa, con información hasta reiterativa, presentación de “líderes” y de políticos en danza, se le puede denominar “telecracia”, por el dominio, la influencia de la TV en el pensamiento, en la opinión, en el “cambio de camiseta”.

El poder ideológico que desempeña la TV requiere ser atendido, estudiado, pues el sentido de orientación puede ser frágil. La “telecracia” se activa. Los “expertos” en sondeos de opinión ofrecen cuestionables aumentos tentadores en el débil segmento de votantes indecisos, otros se subastan al mejor postor para inflar porcentajes.

Como en la TV y otros medios en materia electoral no existe siquiera obstáculo de la deontología comercial. No es que la TV y la prensa con su información y las encuestas creen personajes políticos, ni figuras elegibles. Son factores, instrumentos, de indiscutible efecto social y psicológico.

La TV actúa como una enorme luna de aumento o mil reflectores que agrandan la personalidad de los protagonistas, sus cualidades y defectos, aún los más recónditos, si son útiles para encumbrarlos o destruirlos.

Respecto a las encuestas, nadie asegura que la misma persona que contestó en un sentido cambie de parecer, varié su voluntad hasta el instante de sufragar, así es el peruano de indeciso.

Pende, pues, siempre la incógnita. ¿Estamos, en un juego de magia, insistencia de tontos útiles o en un ineludible compromiso de elegir con lo más valioso que tenemos nuestra dignidad y conciencia cívica?

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