Alfredo Vignolo
LA ESPADA DE DAMOCLES

CUANDO LA PRENSA PIERDE SU NORTE

Jueves 14 de Marzo del 2019 | 5:46 am

Un periodista no solo debe de serlo, sino, sobre todo, parecerlo. Hace días Milagros Leiva “renunció” a ATV tras ser suspendida por la pelea bochornosa que tuvo con Magaly Medina.

Leiva “renunció irrevocablemente” luego de la aparición de Melissa Loza en el noticiario, quien le brindó detalles de la relación y detención de su pareja, sindicado como presunto comercializador de drogas.

En su programa, Medina desacreditó la entrevista, lo que provocó la reacción de Leiva, quien le contestó indignada al dar a conocer que Medina mantuvo en su poder una denuncia de abuso sexual a un menor.

Ambas conductoras tienen que entender lo que es el Derecho a la Intimidad, que consiste en la defensa de la personaa través de un muro que prohíbe publicar o dar a conocer datos sobre temas como estrictamente privados. Toda persona tiene derecho absoluto a mantener su vida privada y bajo ningún concepto, esto no puede ser revelado.

La intimidad es la parte de la vida de una persona que no ha de ser observada desde el exterior, y afecta solo a la propia persona. Se incluye dentro del “ámbito privado” de un individuo cualquier información.

El artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, establece que el derecho a la vida privada es un derecho humano, y que nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, ni su familia, ni cualquier entidad, ni de ataques a su honra o su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

El artículo 17 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, consagra, que nadie será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y reputación.

El artículo 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José de Costa Rica, establece una norma de protección de la honra y dignidad, al señalar que toda persona tiene derecho al respeto de su honra y al reconocimiento de su dignidad; nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada.

El tiempo que dedican ambas conductoras a escarbar la miseria humana denigra la profesión de periodista y más aún la calidad de ellas como mujeres.

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