TELETRABAJO Y LOS RIESGOS DEL TECNOESTRÉS

El teletrabajo se ha convertido en un gran aliado en estos tiempos y está siendo ampliamente adoptado como una alternativa para disminuir los riesgos de contagio del Covid-19 y proteger la salud y el empleo de los trabajadores.

Jueves 24 de Septiembre del 2020 | 9:02 pm

Muchos de los nuevos trabajadores a distancia están reconociendo que no tenía sentido ocupar un tiempo valioso para ir a trabajar “detrás de una pantalla”, que también tenían en sus casas. Con el objetivo de mantener la continuidad operacional y evitar y/o disminuir las pérdidas financieras producto de esta emergencia sanitaria, distintas organizaciones han afrontado esta crisis -sin mayores protocolos- permitiendo que sus colaboradores trabajen desde sus hogares, quienes, sin haber tenido una capacitación adecuada, ni sus hogares y familias preparadas, están conviviendo con diferentes conflictos trabajo-hogar-familia, los cuales pueden derivar en emociones negativas y altos niveles de estrés.

Las tecnologías tienen una doble cara, por un lado, facilitan el trabajo y, por otro, pueden generar efectos psicosociales y emociones negativas provocando altos niveles de activación fisiológica del organismo, y pensamientos negativos sobre sus propias capacidades y competencias en la utilización de las tecnologías. Este fenómeno, conocido como tecnoestrés, puede afectar las actitudes, pensamientos, comportamientos y la salud de quienes trabajan con TIC, provocando una disminución de su productividad, problemas de concentración, baja satisfacción laboral, débil compromiso con la organización, agotamiento y deseo de renunciar o no continuar con el trabajo a distancia.

Las TIC, en sí mismas, no son las causantes de los problemas derivados de su uso. Una mala política en su implementación, falta de capacitación y poco apoyo técnico pueden aumentar los riesgos de padecer tecnoestrés. Las consecuencias del tecnoestrés se pueden manifestar en dolores de cabeza y musculares, trastornos gastrointestinales, insomnio, irritabilidad, ansiedad, fatiga mental, ansiedad, baja concentración, adicción a las tecnologías, dependencia tecnológica, entre otras.

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Un inadecuado soporte técnico, social y psicológico para enfrentar el teletrabajo puede provocar en los colaboradores la sensación de trabajar más y por más tiempo, sentirse fatigados por la sobrecarga de tecnologías que fomentan el trabajo colaborativo, agotados por las continuas interrupciones provocadas por el correo electrónico, los sistemas de mensajería y videollamadas, sobrecargados por manejar excesiva información -o por falta de información-, exhaustos por los esfuerzos intelectuales que demanda la multitarea.

Estudios han reportado que una mala implementación de programas de teletrabajo puede provocar en los colaboradores la sensación que sus vidas se ven invadidas por las tecnologías, un aumento del conflicto trabajo-hogar, miedo a perder el empleo por no estar continuamente conectados y por creencias de ineficacia tecnológica, entre otras. La no prevención del tecnoestrés puede desencadenar licencias laborales y provocar en el futuro el temor a teletrabajar.

Las organizaciones deben estar atentas y generar estrategias de prevención y de salud laboral asociadas al uso saludable de las TIC con objeto de disminuir los efectos de los factores que crean tecnoestrés como la sobrecarga, complejidad, invasión, inseguridad e incertidumbre tecnológica.

Es muy importante que se establezcan, como mínimo, políticas claras sobre los tiempos de trabajo sincrónico y autónomo, metas de productividad y de desempeño que se ajusten a la jornada ordinaria de trabajo, brindar soporte adecuado y respetar los tiempos de desconexión y de descanso legales. Así mismo, en periodos de confinamiento obligado, las organizaciones deben promover un teletrabajo saludable motivando las pausas activas y propiciando un ambiente virtual saludable para teletrabajar.

Sin duda este crítico momento es una gran oportunidad para que las empresas prueben nuevos modelos de relaciones laborales y de trabajo y para que colaboradores se adapten día a día -con un adecuado soporte- a esta nueva forma de desarrollar el trabajo, que probablemente ha llegado para quedarse.

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