50 AÑOS DEL CATASTRÓFICO TERREMOTO EN ÁNCASH

Una parte del Huascarán provocó que un alud sepultara Yungay y Ranrahirca.

Domingo 31 de Mayo del 2020 | 8:36 am

Eran las 3:23 p.m. del 31 de mayo de 1970 cuando un terremoto generó uno de los efectos más devastadores en la historia de nuestro país: un aluvión proveniente del nevado Huascarán sepultó al pueblo de Yungay en la región Áncash. Se calcula que en total 75 mil personas fallecieron.

Han pasado 50 años de ello y el Instituto Geofísico del Perú (IGP) asegura que seguimos siendo un país sin cultura de prevención y vulnerables ante la ocurrencia de un próximo terremoto.

El doctor Hernando Tavera, presidente ejecutivo del IGP, explica que se trató de un terremoto de magnitud 7.9 ocurrido a una distancia de 44 km al suroeste de la localidad de Chimbote y con una profundidad de 64 kilómetros. Esto originó que el sacudimiento del suelo fuera muy intenso en las regiones de Áncash, La Libertad y Lima, ocasionando destrucción, muerte y pánico en la población.

Aclaró que las muertes y daños registrados se debieron, principalmente, a la calidad precaria de sus construcciones.

Tavera sostuvo que este tipo de terremotos, por lo general, produce 3 efectos secundarios importantes: tsunami, licuación de suelos y deslizamientos. Esto explica por qué después de ocurrido el terremoto, un tsunami tardó aproximadamente 15 minutos en llegar a la zona costera de la ciudad de Chimbote con olas que alcanzaron alturas hasta de 2 metros. Si bien, inundó parcialmente Chimbote, no causó más daños.

YUNGAY

El evento más catastrófico vino minutos después del terremoto. A causa del sacudimiento de la Cordillera Blanca y del nevado Huascarán, se produjo el desprendimiento de un bloque de hielo y esto a su vez, de un alud de 400 toneladas que alcanzó velocidades entre 200 y 500 kilómetros por hora, sepultando a la ciudad de Yungay y Ranrahirca.

“El alud tardó 3 minutos para llegar a la ciudad de Yungay y por tanto la población no tuvo tiempo para reaccionar de manera oportuna; sin embargo, se salvaron 300 personas, quienes se encontraban en el estadio y otros que subieron a la parte alta del cementerio y a un cerro cercano”, sostuvo. “Algunos sobrevivientes de aquel fatídico día indicaron que el alud llegó a tener alturas mayores a los 30 metros”, expresó.

Tavera señaló que los terremotos son cíclicos y volverán a ocurrir en cualquier momento. “En la actualidad, los escenarios han cambiado, las ciudades han crecido y la población se ha incrementado, por lo tanto debemos ser conscientes y hacer un esfuerzo por trabajar más en adquirir una cultura de prevención para, así, enfrentar y mitigar los daños del próximo terremoto que está por venir”.

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